miércoles, julio 05, 2006

No quiero razonar

Estimados todos: vuelvo a la carga, despues de tiempos inciertos, en otros que no los son menos.

Y no lo son porque esos animalejos que conducen nuestros destinos se empeñan en que no lo sean. Nunca se ha hecho aquí crónica política, que me libre de ello el dios de los cristianos o el de alguna otra secta de similar pelaje, pero es de notar (y de eso si que se trataba aqui a menudo) lo recio de sus mensajes, lo pacato de su ideario y lo lerdo de sus vocablos.

A cuenta de estas tan traidas y tan llevadas conversaciones con los terroristas que ocupan ya desde hace meses las páginas de todos los diarios, le viene a uno a las mientes, despojada del debate en si, del negocio político que la mueve y conmueve, la sarta de bajezas morales que, adornadas por un lenguaje monocorde y no por ello menos rimbombante, esgrimen unos y otros.

Seria materia de una verdadera tesis las lindezas que unos a otros se dedican, pero me voy a quedar con un detalle, con un aspecto que se escucha a ambas orillas del
Vístula en que nuestro Parlamento se ha convertido, enfangados unos en el fragor de la batalla, y a la espera los otros del desfallecimiento de los contendientes para entrar triunfantes sobre los adoquines cadáveres.

Y este detalle no es otro que la constante llamada al amparo de la Razón (alabada sea, aunque la versal le queda mayúscula a los dialogantes). Nada queda fuera de la Razón, y de ese convencimiento parto para explicar mi náusea. Razonemos dicen los unos; seamos razonables dicen los otros. Constantemente. Sin tregua se invita al electorado (asumámoslo, se acabó la opinión pública, se acabó la ciudadanía; no somos sino electorado a veces -las menos- , o mercado –las más-) a razonar.

Pues no quiero. Caca, culo, pedo y pis (y esto solo es el principio, como diria el simpar Antonio Fraguas). Si la Razón hace años que se hizo mi única religión, razonar me repugna hasta lo insólito, porque me invita a usar la Razón como los otros lo hacen. Razonar se ha convertido en la trivialización de la Razón, haciéndola ya razón minúscula, constreñida, apocada en los pliegues mugrientos de la convención. Razonar como me dictan es un sinsentido (uno más), tan absurdo como asumido, tan desapercibido como peligroso, tan mentira como inteligencia militar, o como hipoteca remunerada.

Quiero una razón autónoma, y quiero tantas razones como individuos. Quiero que razonar solo sea social como consecuencia, y que no sea la Sociedad quien sancione mi Razón. Pues ya se dijo
allende las lindes del norte, que la Razón es un templo, y someter el templo al poder terrenal es, objetivamente, un sacrilegio.

Que razonen ellos, y nos arrullen con sus balidos.

5 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Raro, raro, raro, raro.... Como se nota que tienes mucho tiempo libre.Yo creo que lo mejor es no estar con los malos y quedarse en casita fresquito, tomándo unas olivitas y unas cañitas

Anónimo dijo...

Y de zidane ni hablamos

El kike no neocatecumenal dijo...

Ya lo dijo Habermas, que no por "saber más" acierta, pero aquello del estado ideal de comunicación de la razón, exige primero, que todos tengan la misma oportunidad en el diálogo, segundo que sean sinceros y se pretenda un verdadero consenso (no imponer tu criterio o utilizar una posición estratégica de propio beneficio), tercero que no existan posiciones de privilegio que dominen unas sobre otras y cuarto, que es a lo que vamos, que se admita que la propia posición puede ser errónea. Sólo cumpliendo estas máximas deontológicas uno puede esperar superar su propio nicho de razón (más bien opinión) y acceder a la razón común, que como dices es la menos común de las razones.

Anónimo dijo...

es verdad que en verano se pierden neuronas. me he perdido en lo de Haberburguer ese.
Por cierto, el Gigi le llamó terrorista o puta a la hermana?
Lo digo por poner un matiz intelctual a lo de razonar

Tobías dijo...

Welcome back dear brother. Un año largo se demoró tu reentrada y echábamos de menos la gimnasia mental a que nos sometes.
Pero yendo al turrón añadiría que a la razón que nosotros nos empeñamos en usar, adjuntemos la exigencia de la coherencia en nuestros representantes. Seamos talibanes de la razón y la coherencia y preguntemos a los adalides de la constitución qué votó su partido cuando tocaba aprobarla. A los defensores de los estatutos actuales, qué votaron en el 78 sobre la ley de las autonomías. A los que decían que la ley del divorcio destruiría "la familia" (¿os suena?) qué número hace su actual esposa y finalmente a los verdugos del "precio político" cuántos presos etarras llevó Aznarín al País Vasco (143). Poca coherencia, menos memoria y... 10 millones de borregos.